EL FACTOR EMOCIONAL: miedo escénico (I)

Jueves, 22 septiembre 2011 03:10

Christophe André, director de la Unidad de tratamiento del miedo en el Hôpital Sainte-Anne de París, recomienda desdramatizar, informar y explicar el problema. Conocer el mecanismo del miedo ayuda a tenerlo bajo control. Esto permite desmontar las creencias erróneas que están en el fondo de muchos miedos.

Desmontemos, pues, el miedo entendiendo sus mecanismos.

El cerebro, además de encargarse de controlar las funciones vitales del organismo, tiene como misión obtener y analizar la información procedente del interior y del exterior con el fin de mantener la integridad del individuo y perpetuar la especie gestionando su comportamiento: procrear, comer, evitar ser comido, etc.

Al principio, las emociones eran respuestas simples que se limitaban a permitir el alejamiento de estímulos nocivos y a coordinar un acercamiento a estímulos beneficiosos. Al ir apareciendo seres vivos más complejos, estas respuestas necesitaron coordinar un mayor número de elementos fisiológicos como hemos visto en la respuesta de lucha o huida. Ciertos grupos neuronales del cerebro, empezaron a especializarse en captar señales, analizarlas y coordinar las respuestas adecuadas. Estas estructuras las conocemos como “cerebro emocional” y se encargan de organizar las emociones en forma de respuestas rápidas, automáticas e instintivas imprescindibles para la supervivencia. Por ejemplo: si estamos en nuestra casa tranquilos y relajados y de repente oímos un ruido de cristales rotos, el estímulo auditivo captado por nuestro oído es enviado a nuestro cerebro emocional para generar una respuesta inmediata y defendernos ante un posible peligro.

Con el tiempo, sobre este cerebro instintivo y primitivo, fue apareciendo una nueva estructura: la corteza cerebral, capaz de procesar los datos que llegan tanto del interior como del exterior con más exactitud pero de forma más lenta. La corteza cerebral permite ser consciente de las propias emociones, sentir el propio organismo emocionado, es decir, elaborar los sentimientos.

Ignacio Morgado, en su libro titulado Emociones e inteligencia social, lo explica de una forma muy didáctica: “Así pues, el miedo, la sorpresa, el enfado, el asco, la tristeza o la alegría, no son otra cosa que sentimientos, es decir, experiencias que el cerebro produce basadas en la percepción consciente de los cambios físicos emocionales que se están produciendo en el cuerpo. Además, como cada situación emocional provoca un patrón diferente de esos cambios, el cerebro los percibe también como sentimientos diferentes. (…) Son sentimientos diferentes porque las emociones que los producen implican patrones diferentes de alteraciones fisiológicas del cuerpo y el cerebro. En cualquier caso, primero es la emoción y después el sentimiento. (…) Recientemente, Antonio Damasio y otros investigadores, han realizado experimentos y observaciones clínicas que demuestran que, en contra de lo que pudiera parecer, los cambios, como la liberación de adrenalina o el aumento de latidos del corazón, que tienen lugar en una persona que siente miedo, no son la consecuencia de sentir tal miedo, sino al revés, es decir, no es que al sentir miedo lata más de prisa el corazón, como solemos creer, sino que el latir más rápido el corazón es lo que hace que se produzca el sentimiento real de miedo.”(*)

(*)María Ángeles Chavarría; Ángel Escudero Villanueva, Factor Emocional. Guía para manejar el estrés, Brief, Valencia 2010.


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