EL FACTOR EMOCIONAL: miedo escénico (II)
Lunes, 26 septiembre 2011 04:54
Cuando un paciente relata un episodio de miedo o pánico, le pedimos que escriba en qué estaba pensando antes de desencadenarse la crisis. A continuación, pensamiento por pensamiento, buscamos la idea opuesta y útil capaz de contrarrestar su efecto nocivo con el objeto de inducir un estado de tranquilidad, confianza, control, paz y relajación. Según Antonio Damasio, recordando o imaginando situaciones emocionales podemos hacer que el cerebro active las respuestas fisiológicas correspondientes para percibirlas él mismo a continuación como si de verdad nos enfrentásemos a esas situaciones. Por ejemplo: imaginemos que vamos andando solos, de noche, y debemos atravesar un oscuro callejón. Nos paramos a pensar todo lo malo que nos puede suceder al cruzarlo. Nuestro corazón empieza a latir más fuerte y más rápido, nuestra tensión arterial aumenta, nuestros músculos se ponen en tensión preparados para la acción, notamos un frío sudor en nuestra piel, etc. Nos decidimos a adentrarnos en el peligroso callejón y al llegar al otro extremo, comprobamos que no ha sucedido nada de lo que hemos imaginado, pero nuestro cuerpo ha sufrido una serie de cambios fisiológicos como si realmente nos hubiera pasado lo que sólo ha existido en nuestra imaginación. De esta forma creamos un “bucle” cerebro – cuerpo – cerebro.
Lo que proponemos a nuestros pacientes o alumnos es que encaucen sus sentimientos controlando sus pensamientos a través de su imaginación. Sustituyendo sus pensamientos inútiles por pensamientos útiles generan sentimientos que mitigan el sufrimiento y les ayudan a vivir mejor. (*)
(*)María Ángeles Chavarría; Ángel Escudero Villanueva, Factor Emocional. Guía para manejar el estrés, Brief, Valencia 2010.
